El jeque ciego
El jeque ciego
Hace mucho tiempo en Bagdad, se encontraba un mercader llamado Kisrá,
muy astuto, sabía hacer negocios e intercambios de productos. Un día con
la madera de sándalo que compró, decidió irse a otra ciudad a realizar
negocios y de esta manera poder sacar ingresos rentables.
Llegando a una nueva ciudad se encontró a una anciana que viendo al nuevo mercader en la ciudad le avisó de que tuviera mucho cuidado con la gente que se encontraba en el mercado ya que son personas astutas y taimadas.
De esta manera ya metiéndose dentro de la ciudad donde el mercado se encontró con un mercadader que engañó a Kisrá comprandole la preciosa madera de sándalo a cambio de la misma cantidad de lo que Kisrá quisiera.
Luego se encontró con un tuerto que se puso a gritar al nuevo mercader que era él quién le había quitado el ojo obligando a Kisrá a reconocer que le había sacado un ojo obteniendo para el día siguiente uno de los ojos de Kisrá o todas las riquezas que el tiene.
Luego Kisrá se fue a ver a un zapatero para que le arreglara una sandalia y a cambio Kisrá le recompensaría dándole todos sus bienes.
Por último, Kisrá empezó a jugar con unos jugadores en el cual perdió. Kisrá debería dar todos sus bienes o beberse todo el agua del mar...
Entristecido, Kisrá no sabía que hacer para solventar los engaños. La anciana que la aconsejó por la mañana volvió a aparecer y le recomendó ir a ver al jeque ciego, donde muchas personas iban a pedir consejo al jeque. A escondidas, se encontró con las personas que le habían engañado pero descubrió que cuando estos pedían explicación al jeque de lo que habían hecho, el jeque ciego les respondía que ese nuevo mercader les podía devolver la jugada...
A la mañana siguiente Kisrá gracias al jeque ciego fue a solventar los engaños de la gente de la ciudad a la que fue a vernder su madera de sándalo...
Llegando a una nueva ciudad se encontró a una anciana que viendo al nuevo mercader en la ciudad le avisó de que tuviera mucho cuidado con la gente que se encontraba en el mercado ya que son personas astutas y taimadas.
De esta manera ya metiéndose dentro de la ciudad donde el mercado se encontró con un mercadader que engañó a Kisrá comprandole la preciosa madera de sándalo a cambio de la misma cantidad de lo que Kisrá quisiera.
Luego se encontró con un tuerto que se puso a gritar al nuevo mercader que era él quién le había quitado el ojo obligando a Kisrá a reconocer que le había sacado un ojo obteniendo para el día siguiente uno de los ojos de Kisrá o todas las riquezas que el tiene.
Luego Kisrá se fue a ver a un zapatero para que le arreglara una sandalia y a cambio Kisrá le recompensaría dándole todos sus bienes.
Por último, Kisrá empezó a jugar con unos jugadores en el cual perdió. Kisrá debería dar todos sus bienes o beberse todo el agua del mar...
Entristecido, Kisrá no sabía que hacer para solventar los engaños. La anciana que la aconsejó por la mañana volvió a aparecer y le recomendó ir a ver al jeque ciego, donde muchas personas iban a pedir consejo al jeque. A escondidas, se encontró con las personas que le habían engañado pero descubrió que cuando estos pedían explicación al jeque de lo que habían hecho, el jeque ciego les respondía que ese nuevo mercader les podía devolver la jugada...
A la mañana siguiente Kisrá gracias al jeque ciego fue a solventar los engaños de la gente de la ciudad a la que fue a vernder su madera de sándalo...
Con el mercader que le compró la madera de sándalo...: "Quiero la mitad de la cantidad de pulgas machos y la mitad de pulgas hembras y si no me lo puedes dar, devuélveme mi madera de sándalo". Así Kisrá recuperó su madera.
"Tuerto, sácate el ojo que te queda y yo me sacaré uno de los mios. Si el peso es igual, podrás quedarte con mi ojo". Y el tuerto huyó.
"Zapatero, te prometí que quedarías satisfecho, ¿verdad?. Entonces escucha: los enemigos del sultan han sido derrotados; el sultán goza de buena salud y sus riquezas aumentan junto a su prosperidad, ¿estás satisfecho con todo esto?
Con los jugadores les dijo: "Prefiero beber toda el agua del mar...¡pero me la tendreis que da con vuestras propias manos!.
Antes de irse de la ciudad, se fue a la anciana donde la dio un buen regalo y Kisrá se prometió así mismo que no volvería a poner en aquella ciudad sus pies.

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