La casita del bosque


Érase una vez un leñador que vivía en el bosque junto con su esposa y sus tres hijas. La mayor se llamaba Mariclara, la mediana Maribel y la pequeña Maridulce.

El leñador pide que la hija mayor traiga su comida mientras está trabajando. De esta manera Mariclara, al día siguiente se adentró en el bosque a buscar a su padre pero ésta se perdió.

Encontró una cabaña donde cobijarse durante la noche. En ella, se encontraba un adorable anciano acompañado de una vaca, un gallo y una gallina.


El anciano la dijo que hiciera la comida para cenar y que diera de comer a los animales. Sin embargo Mariclara hizo la comida para el anciano y para ella y dejó sin comer a los animales.

Al ver el egoismo de la joven, el viejecito, cuando ésta estaba dorminda la metió en el desván.

El leñador sorprendido porque no le habían traido la comida, le dijo a su esposa de que mandara a su segunda hija Maribel a traer comida, sin embargo volvió a pasar lo mismo. Se perdió y encontró la casa del anciano y de los animales. Esta vez Maribel, hizo lo que el viejo la demandó, que al igual que su hermana mayor, fue a lo suyo y dio un poquito de comer a los animales. El anciano, cuando Maribel se quedó dormida, la metió en el desvan junto a su hermana mayor.

Y el leñador, enfadado por ver que sus hijas no le llevaban el almuerzo, mandó a su última hija, Maridulce...

De este modo, igual que sus hermanas se perdió en el bosque. Se encontró la casa del anciano y de los animales, pero a diferencia que sus hermanas, ella se centró en cuidar a los animales y al anciano.

Esa misma noche Maridulce escuchó ruidos en la casa y cuando se despertó, la casa no era una casa simple, era un palacio, el anciano era un hermoso príncipe y los animales se habían transformado en sirvientes.



Luego el principé liberó a sus hermanas y le pidió matrimonio a Maridulce por ser una chica educada y con cariño hacia los animales, nada de egosita como sus hermanas.







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